TRADUCCION

viernes, 20 de septiembre de 2013

Cómo Perdonar a Alguien - 9 Pasos que te Ayudarán


1. Entiende que nadie te ha ofendido. Son tus ideas acerca de cómo deberían actuar las personas, las que te hieren. Estas ideas son producto de una máscara social, que has aprendido desde tu infancia de forma inconsciente. Reconoce que la mayoría de las personas nunca va a cuadrar con esas ideas que tienes. Porque ellos tienen las suyas.
2. Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Dales consejos si te los piden, pero permite que tomen sus decisiones. Es su derecho divino por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.
3. Nadie te pertenece. Ni tus padres, ni amigos ni parejas. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. Vive y deja vivir.
4. Deja de pensar demasiado. Ábrete a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilices tu inventario. Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes obscuros y te los quitas, el resultado es la limpieza de visión.
5. La perfección no existe. Ni el padre, amigo, pareja perfectos. Es un concepto creado por la mente humana que a un nivel intelectual puedes comprender, pero en la realidad no existe. Porque es un concepto imaginario. Un bosque perfecto serían puros árboles, Sol, no bichos… ¿existe? No. Para un pez, el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores ¿existe? No. Sólo a un nivel intelectual. En la realidad jamás va a existir. Naturalmente, al pez sólo le queda disfrutar de la realidad. Cualquier frustración de que el mar no es como quiere que sea no tiene sentido. Deja de resistirte a que las personas no son como quieres o no piensan como tú. Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.
6. Intoxícate con la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo. Me complacerá decírtelo por experiencia.
7. Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado. Imagínate que ambos están cómodamente sentados. Dile por qué te ofendió. Escucha su explicación amorosa de por que lo hizo. Y perdónala. Si un ser querido ya no está en este mundo, utiliza esta dinámica para decirle lo que quieres. Escucha su respuesta. Y dile adiós. Te dará una enorme paz.
8. A la luz del corto período de vida que tenemos, sólo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices. Nuestra compañera la muerte en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo e inútil gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo.
9. Es natural pasar por un período de duelo al perdonar, deja que tu herida sane. Descárgate (no confundir con desquítate) con alguien para dejar fluir el dolor. Vuelve a leer este artículo las veces necesarias y deja que los conceptos empiecen a sembrar semillas de conciencia en tu interior. Aprende con honestidad los errores que cometiste, prométete que no lo volverás a hacer y regresa a vivir la vida.
Deja al mundo ser. Y déjate ser a ti también.
Por: Marco Engelke

jueves, 12 de septiembre de 2013

Amor al prójimo


Hace algunos años atrás realicé un viaje a un pequeño pueblo de Bolivia. En el tour habíamos alrededor de 15 personas, todos provenientes de distintos países.
El pueblo al cual llegamos era pequeño y de muy escasos recursos. El único hotel que había en el lugar era del tipo “albergue”, en cada habitación habían por lo menos 10 camas.
Llegamos de noche al lugar, yo casi no pude mirar el entorno ya que el pueblo se encontraba a gran altura y a causa de ello comencé a sentirme muy mal. Mi cabeza daba mil vueltas y tenía muchas náuseas, pero no era la única que se sentía de esa forma, la gran mayoría presentaba los mismos síntomas.
Era una noche realmente fría, casi congelante, no teníamos calefacción y no contábamos más que con una frazada cada uno. Esto hizo que me sintiera aún más mal, estaba en mi cama con escalofríos, temblando y sudando al mismo tiempo. Pero como dije anteriormente, no era la única que estaba en esa situación, junto a mi podía escuchar a un hombre que le pedía a su mujer que lo ayudara a llegar hasta el baño.
En ese momento en medio de la obscuridad vi una pequeña luz que se iba acercando uno a uno. Miré más detenidamente y pude ver que era un francés que andaba en el grupo, su nombre era Christián. Él iba pasando por cada una de las camas con una pequeña linterna,  preguntando como se sentían y si necesitaban algo. Lo vi llevando vasos de agua a muchas de  las camas.  Cuando llego junto a mí, me vio temblando de frío, entonces fue hasta su cama, trajo su frazada y me cubrió con ella. Yo no podía aceptarlo, pero no hubo forma de hacerlo desistir. La verdad yo me sentía tan mal que tampoco seguí insistiendo, solo quería que las horas pasaran rápido y sentirme mejor. El volvió a su cama y durmió sin nada que cubrirse en esa helada noche.
Al día siguiente ya nos habíamos aclimatado a la altura del lugar y nos sentíamos mejor. Durante el desayuno debíamos ir a buscar la comida a una pequeña cocina que se encontraba retirada y llevarla hasta el comedor. Yo estaba tomando desayuno cuando vi llegar a Christián con su taza de café en la mano y un sándwich. Dejó su desayuno en mi mesa mientras iba por una silla.
En el grupo andaba también una mujer americana de unos 60 años de edad. Ella no hablaba español y se notaba que eso la frustraba, ya que no podía comunicarse con nadie y la mayor parte del viaje parecía molesta.
En el momento en que Christian se acercaba a la mesa, la mujer llegó, tomó la taza de café de Christian y se la llevó….  yo me quede atónita. ¡Qué descaro! Ella se lleva tu taza de café. – le dije.
Pero Christian me miró y me dijo sonriendo, – está bien, yo puedo prepararme otro, pero esta vez no lo soltaré- y riendo se fue hacia la cocina  a preparar otro café.
La verdad es que me quedé sorprendida de su reacción, otro en su lugar lo más probable es que le hubiera dicho algo a la mujer o al menos le hubiese quitado la taza , pero él no se hizo ningún problema y se lo tomó con humor.
El era una persona realmente digna de imitar, su amabilidad, su generosidad con todos, su cara siempre sonriente. Durante el viaje fueron muchos los gestos de amor y dulzura que él tuvo hacia todos nosotros.
Después de aquel viaje nunca más lo volví a ver, pero su recuerdo quedó para siempre grabado en mi corazón y trato de seguir su ejemplo porque me di cuenta que una sola persona si puede cambiar el mundo. En aquel viaje él cambio mi mundo, me hizo ver la importancia de los pequeños actos de amor que podemos tener hacia el otro y que iluminar la vida de los demás es una misión hermosa.
Dar alegría muchas veces es tan fácil como: decir una palabra amable, escuchar a quien tiene un problema o una pena, llamar o enviar un email a un amigo que hace tiempo no ves, dar una palabra de aliento a quien lo necesita, dar un abrazo, regalar una sonrisa, tener un gesto amable con un desconocido o ayudar a quien ves en apuros en la calle, responder siempre de forma amable y cordial, dar de comer a un pobre.
Las opciones de entregar amor son ilimitadas, hay muchas formas de hacerlo. Desde ahora toma el propósito de no dejar pasar ni un solo día sin dar una gota de amor al prójimo. Hacer al otro lo que te gustaría que hicieran por ti.
Cada vez que tengas un gesto amable con alguien estarás alegrando su día y tu corazón estará más cerca de la felicidad.
«Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Juan 13, 34).
 :)
 Por Marcela Allen

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Dejando Huella


Por donde tú pases procura dejar una huella.
Para eso no es necesario que hables fuerte, que llames la atención o que trates de ser quien no eres.
No son tus voces de mando, tu aspecto físico o tus bienes materiales los que marcarán el lugar que has ocupado en el trabajo, en tu casa en la vida.
Lo que dejará marca son todas aquellas cosas que has hecho con amor y honestidad. La palabra al que necesitaba aliento, la sonrisa al que se acercaba a ti, el consejo al que te lo pedía, la generosidad para comprender los motivos que llevan a algunos a cometer errores.
Aunque no digan nada, siempre se agradece algo que has hecho con sinceridad, lo que es generoso, lo auténtico.
Los que van por la vida con rostros serios, apagados, actuando con egoísmo y soberbia no dejan huellas ni corazones encendidos.
Para dejar una huella, hay que iluminar la vida de los demás.  Dar sin esperar nada a cambio, ni el elogio ni la recompensa. Quedarse solo con la felicidad de saber que ayudas a alguien que lo necesita, que das una sonrisa a quien te mira buscando comprensión,  un abrazo sincero a quien necesita apoyo, una mano a quien no puede avanzar.
Procura dejar una huella por donde quiera que pases, aunque sea pequeña como un pétalo, no importa su tamaño, pero que haya siempre un signo que indique que pasaste por allí.